Mi camino personal hacia la comprensión interior
y el trabajo que hoy comparto con otras personas. 

Hace unos años mi vida se detuvo.

Empezó la ansiedad y, poco después, la depresión.

No hubo una causa concreta, sino un cúmulo de cosas. Hoy sé que había trauma relacional sin procesar.

Fue una etapa muy dura.

No tenía fuerzas para levantarme de la cama y mucho menos para salir a la calle. Me pasaba días seguidos sin salir de casa: en pijama, sin ducharme, sin hablar con nadie. Tuve que dejar los estudios varias veces porque era incapaz de vestirme para ir a clase o hacer cualquier cosa que requiriera un mínimo esfuerzo o motivación.

Durante mucho tiempo no soportaba vivir dentro de mí. Tuve muchos altos y bajos. No siempre me sentía igual, pero sí recuerdo la sensación constante de estar perdida y sentir que nada tenía sentido.

Vivimos rodeados
de tantos estímulos, expectativas, presión, condicionamientos…

Con tanto ruido era imposible saber qué quería yo.
“Tienes que hacer esto. Tienes que hacer lo otro. Tienes que ser exitoso. Tienes que saber lo que quieres. Tienes que ser feliz…”

  • ¿Pero qué pasa cuando silencias todo eso y te escuchas a ti?
  • ¿Y si cierras los ojos y te sientas en silencio contigo unos segundos?
  • ¿Podrías quedarte ahí sin escapar?
  • ¿Mirarte sin irte a ninguna parte?

La meditación fue mi forma de dejar de escuchar ese ruido externo y empezar a escucharme a mí.

Poco a poco fui aceptando mi situación e incluso aprendiendo a abrazarla.

Con ayuda de profesionales, pero sobre todo con mi propio compromiso. No fue fácil. Era un camino largo.

En ese momento no lo sabía, pero todo estaba ocurriendo por algo.
Aprendí a hacer algo que nunca había hecho y que, para mí, es esencial para vivir: amarme a mí misma.

Una vez aprendes a amarte, puedes amar a los demás y amar la vida.
Tuve que sostenerme muchas veces en la poca fe que aún latía en mí.

Con el tiempo comprendí que lo que me salvó fue el descubrimiento de mi propia verdad. Y llegué a ella a través de la meditación.

Iniciarme en la meditación
fue la experiencia que más transformó mi vida.

Puede que también existan otras formas de llegar: la oración, el amor hacia otra persona, el arte, el movimiento…

En el fondo todas comparten algo en común: requieren soltar el control del intelecto, dejar de resistirse a lo que ya es, entrar profundamente en el aquí y ahora y crear espacio para algo más profundo: el ser, la presencia, el amor.

  • Me llevó hasta donde estoy hoy.
  • Me enseñó a amar la vida después de haberla odiado tanto.
  • Me abrió los ojos para descubrir que muchas de las respuestas que buscaba fuera estaban dentro de mí.
  • El dolor fue uno de mis grandes maestros.
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